Hoy vuelve, de nuevo, a la Ciudad de San Cristóbal de La Laguna la venerada imagen de Ntra. Sra. de Candelaria, Patrona de Canarias. Han pasado doce años desde su última visita, que tuvo lugar en 1997, con motivo de los 500 años de la fundación de la Ciudad de los Adelantados y de la llegada del Evangelio a las tierras de Aguere. A lo largo de los siglos han sido muchas las ocasiones en las que La Virgen de Candelaria ha estado en La Laguna por motivos coyunturales: una sequía, una plaga, incursiones piratas, construcción del Seminario, una efemérides…

En esta ocasión es diferente. Ahora, la Visita de la Virgen tiene sentido eminentemente pastoral, con una doble finalidad: Por un lado, testimoniar nuestra confianza, amor y devoción a la Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra; y, por otro, renovar y acrecentar la vida cristiana de los fieles. Damos así cumplimiento a la feliz iniciativa de mi antecesor Monseñor Felipe Fernández García que, mediante Decreto de 15 de agosto de 2001, estableció que periódicamente, cada siete años y alternativamente, Ntra. Sra. de Candelaria visitara Santa Cruz de Tenerife y San Cristóbal de La Laguna. En octubre de 2002, tuvo lugar la Visita a Santa Cruz y, hoy, siete años después, llega a La Laguna, donde permanecerá hasta el próximo 22 de mayo.

La Virgen de Candelaria no necesita presentación ni que hagamos propaganda de ella. Su nombre y su figura están profundamente arraigados en el corazón de los canarios, que la honramos como nuestra patrona y protectora. Por fe y por sentimiento Ella es de verdad “nuestra” Señora. Por eso, hoy serán miles de personas las que saldrán al paso de la Sagrada Imagen y la acompañarán a lo largo del recorrido, de casi 25 Km., desde el municipio de Candelaria hasta el de La Laguna, pasando por los de El Rosario y Santa Cruz de Tenerife. Miles de personas que saldrán a su paso para verla, saludarla, cantarle, suplicarle, darle gracias, caminar con ella… para aclamarla diciéndole: “Bendita tú entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”, o para repetir incansablemente el himno en su honor: “Salve, Salve, Virgen Morenita, dulce Madre del divino Amor…”.

Durante el trayecto la imagen de la Virgen hará parada en algunos sitios y, sobre todo, entrará en los jardines del Hospital General, donde acogerá las súplicas de quienes necesitan consuelo en su aflicción y alivio en su enfermedad. Sin duda, la parada del Hospital, será uno de los momentos más importantes del recorrido porque el pueblo cristiano, que invoca a María como “salud de los enfermos” y “consoladora de los afligidos”, sabe por experiencia que la Virgen María atiende las súplicas de sus hijos necesitados y en esa confianza le reza así: “Acuérdate, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu asistencia y reclamando tu socorro, haya sido abandonado de ti”.

Ciertamente, al hablar de la Virgen de Candelaria, lo primero que se nos hace presente es lo que captan nuestros sentidos externos y que tantas veces hemos visto: Una imagen inerte hecha por manos humanas, con un hermoso vestido y bellos adornos, también realizados por manos humanas. Una imagen que incluso puede perderse, como ya ocurrió con la que encontraron los guanches en la Playa de Chimisay que se la llevó un temporal marítimo. Luego se hizo la imagen que veneramos actualmente. Se perdió la imagen primitiva pero no se perdió la fe, porque quienes confían en la Virgen de Candelaria saben que, al dirigirse a la imagen que contemplan sus ojos, con quien realmente están hablando es con la persona viva de la Virgen María, que está en el cielo junto a su Hijo Jesucristo. Como ha venido ocurriendo ininterrumpidamente desde hace siglos, la fe y el sentido espiritual de los fieles cristianos hace que, en el encuentro con “La Imagen de la Virgen de Candelaria”, los creyentes vivamos nuestro amor y devoción a la persona viva que es la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra, que —como la celebramos cada 15 de agosto— “cumplido el curso de su vida terrena, fue llevada en cuerpo y alma a la gloria del cielo, en donde ella participa ya en la gloria de la resurrección de su Hijo” (Catecismo, 974) y, “una vez recibida en los cielos, no dejó su oficio salvador, sino que continúa alcanzándonos por su múltiple intercesión los dones de la eterna salvación”.

Queda claro, por tanto, que si veneramos la imagen de Ntra. Sra. de Candelaria esta veneración no significa que la imagen reciba reverencia en sí misma, sino que la reverencia se dirige a la persona de María, nuestra Madre del cielo, a quien la imagen representa. Queda así claro que, cuando rezamos ante la imagen de la Virgen de Candelaria, a quien nos dirigimos es a la Virgen María, la Madre del Señor que nos escucha, acompaña y protege en nuestro caminar para que un día nos podamos reunir con ella en el cielo. Queda así claro que cuando decimos: “Virgen María de Candelaria, bienvenida a La Laguna”, estamos acogiendo en nuestro corazón a Aquella a quien la imagen representa. Queda así claro que acompañando a la imagen y gritándole “vivas” o tocando su manto, en virtud de la fe, que trasciende lo visible y lo sensible, entramos en comunión personal con la Virgen María y le expresamos nuestro amor y confianza en la seguridad de que somos escuchados.

Así se entiende que hablemos de “Visita de la Virgen” a La Laguna, y no simplemente del traslado de la imagen. No lo dudemos, con la visita de la imagen realmente somos visitados por la Virgen María. Esto no tiene nada de extraño para quienes tienen fe, de modo que se puede afirmar abiertamente: María, tras haber sido llevada al cielo no deja de visitar la tierra. Los “misterios” de la vida de María durante su vida en la tierra marcaron su existencia para siempre. Ella, desde el cielo, sigue realizando la misma misión que realizó en los días de su vida mortal: darnos a Jesucristo para que, por Él, alcancemos el perdón de nuestros pecados y seamos verdaderos hijos de Dios. Y para hacernos este servicio, la Virgen María viene a nuestro encuentro, en este caso, sirviéndose de la “Imagen de Candelaria”.

Acojamos, por tanto,  con fe, amor y devoción a Ntra. Sra. de Candelaria para que, por la contemplación de la imagen, nos sintamos visitados por la Virgen María que, como hace siempre, viene a socorrer a los débiles, a curar a los enfermos, a invitar a todos a la conversión, a darnos la esperanza de que, al final, podremos reunirnos con ella en el cielo. Hemos sido dados por Dios, como hijos, a la Virgen María. Ella nos ha aceptado y ha asumido la responsabilidad de ser nuestra madre. Estamos seguros de que no nos abandona, más aún, a poco que ponemos nuestro corazón en ella la sentimos cerca y nos llenamos de alegría, de confianza y ganas de vivir haciendo el bien a todo el mundo. Sí, bienvenida a La Laguna Virgen María de Candelaria.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense