Por décimo año consecutivo, el próximo sábado 19 de febrero, peregrinamos hasta la Basílica de la Virgen de Candelaria en oración por la paz. Esta peregrinación, organizada por la Diócesis Nivariense, se inició en enero de 2002 para responder al llamamiento del Papa Juan Pablo II que, angustiado ante el agravamiento del conflicto de Irak, nos pidió a todos movilizarnos a favor de la paz.

Lamentablemente, lejos de disminuir, la violencia marca cada vez más las relaciones entre las personas y entre los pueblos. En muchas zonas del planeta, no sólo se mantienen viejos conflictos armados, sino que surgen otros nuevos a los que hay que añadir el terrorismo y las distintas formas de violencia en la vida social e incluso familiar. Además, la permanencia crónica de las injusticias, desigualdades sociales, discriminaciones e incluso las persecuciones por motivos raciales, culturales, religiosos y de cualquier otro tipo, obligan a muchas personas a vivir marginadas y son una fuente constante de conflictos, poniendo en peligro la paz y la convivencia.

En medio de esta situación, que también nos toca de cerca (como vemos cada día en la crónica de sucesos), no podemos permanecer indiferentes. Todos estamos llamados a ser personas pacíficas y a trabajar por la paz en el mundo, especialmente evitando aquellos comportamientos y situaciones que provocan el recurso a la violencia. Los cristianos, particularmente, como  seguidores de Jesucristo, estamos llamados a “trabajar por la paz” de todas la formas posibles. Primero, viviendo de tal modo que, en todas nuestras relaciones familiares y sociales, nunca recurramos a ninguna forma de violencia (física, verbal o moral) contra las personas. Para ser “constructores de la paz”, ante todo, debemos ser nosotros mismos justos y honrados con los demás (sin aprovecharse ni abusar de nadie), ser responsables en nuestro trabajo, ser solidarios con los más débiles, no extorsionar ni amenazar a los demás…

Además, los cristianos debemos ser siempre “constructores de la paz” —orando y trabajando— para que en una humanidad dividida por las guerras, las enemistades y las discordias, los enemigos vuelvan a la amistad, los adversarios se den la mano y los pueblos busquen el común entendimiento. Esto es lo que queremos hacer con nuestra “peregrinación a Candelaria en oración por la paz”: orar con la Virgen María, Reina de la Paz, para que desaparezcan los conflictos y aquellas situaciones que los provocan.

Orar por la paz significa abrir el corazón a la acción renovadora de Dios para que haga de nosotros “instrumentos de su paz”. Orar por la paz significa orar por la justicia, por un adecuado ordenamiento en la vida interna de las naciones y en las relaciones entre ellas. Quiere decir, también, rogar por la libertad, especialmente por la libertad religiosa, que es un derecho fundamental —humano y civil— de todo individuo y cuyo sano ejercicio contribuye enormemente a la causa de la paz en el mundo, como nos lo recuerda el Papa Benedicto XVI, en su carta para la Jornada Mundial de la Paz de este año, con el lema “La libertad religiosa, camino para la paz”. 

Un magnífico documento, fácilmente localizable en Internet y que conviene leer, tanto para desterrar el falso mito de que las religiones son un peligro para la paz, como para comprender que no son las religiones en sí -o un posible enfrentamiento por causas religiosas- lo que genera conflictos, sino la falta de respecto a un derecho fundamental de todo ser humano como es el “derecho a la libertad religiosa”.

Como nos recuerda en Papa en su carta: “La libertad religiosa significa una conquista de progreso político y jurídico. Es un bien esencial: toda persona ha de poder ejercer libremente el derecho a profesar y manifestar, individualmente o comunitariamente, la propia religión o fe, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, las publicaciones, el culto o la observancia de los ritos. No debería haber obstáculos si quisiera adherirse eventualmente a otra religión, o no profesar ninguna”.

Por eso el Papa se lamenta y denuncia la violación de este derecho: “En efecto, se puede constatar con dolor que en algunas regiones del mundo la profesión y expresión de la propia religión comporta un riesgo para la vida y la libertad personal. En otras regiones, se dan formas más silenciosas y sofisticadas de prejuicio y de oposición hacia los creyentes y los símbolos religiosos. Los cristianos son actualmente el grupo religioso que sufre el mayor número de persecuciones a causa de su fe. Muchos sufren cada día ofensas y viven frecuentemente con miedo por su búsqueda de la verdad, su fe en Jesucristo y por su sincero llamamiento a que se reconozca la libertad religiosa”.

Por eso nosotros, los que sí disfrutamos del derecho a la libertad religiosa, lo ejercemos testimoniando nuestra fe públicamente y poniéndola a servicio del bien de la humanidad, en este caso peregrinando y orando para en nuestros días florezca la justicia y la paz abunde eternamente. En un mundo herido por los conflictos, las divisiones y los intereses egoístas, sólo Dios puede iluminar las mentes y mover las voluntades para buscar y realizar el camino que conduce a la paz.

“Venga”, vamos Candelaria a rezar por la paz. El sábado 19 de febrero, a las 6 de la mañana, salimos de Santo Domingo de La Laguna. A las 10’30, al comienzo de la Avenida Marítima de las Caletillas y a las 12 celebramos la misa en la Basílica de Candelaria.

 

† Bernardo Álvarez Afonso

         Obispo Nivariense