Sexta Peregrinación a Candelaria por la Paz – Enero 2007

//Sexta Peregrinación a Candelaria por la Paz – Enero 2007

Por sexto año consecutivo peregrinamos hasta los pies de la Virgen de Candelaria en oración por la paz. Esta peregrinación se inició en enero de 2002 para responder al llamamiento del Papa Juan Pablo II que, angustiado ante el agravamiento del conflicto de Irak, nos pidió a todos movilizarnos a favor de la paz.

A pesar de tantos esfuerzos y oraciones, en marzo de 2003, se inició la guerra de Irak que aún sigue con su terrible secuela de pérdida continua de vidas humanas y de las condiciones básicas para vivir dignamente el conjunto de la población. A esto hay que añadir otros conflictos armados en distintos lugares del mundo, así como la permanencia de condicionantes de distinto tipo que ponen en peligro la paz y la convivencia entre las personas y entre los pueblos, como nos detalla el Papa en su magnífico Mensaje para la Jornada de la Paz de este año, “La persona humana, corazón de la paz”, cuya lectura y reflexión les recomiendo encarecidamente (puede encontrarse en <www.obispadodetenerife.es).

Este Mensaje se entregará a todos los que participen en la peregrinación de este año.  Aquí sólo quiero señalar algunos aspectos que, desde la perspectiva cristiana, constituyen un “peligro” o “amenaza” para la paz y que se pueden profundizar con la lectura del documento pontificio. El Papa, no se limita a señalar las diferentes coyunturas políticas, religiosas, sociales, económicas, etc. que se oponen a la convivencia pacífica, como son la constante violación del derecho a la vida y a la libertad religiosa, las desigualdades injustas entre las personas, el desequilibrio de la ecología humana social, la propagación de ideologías que aplastan al hombre e incitan a la violencia, el terrorismo y la proliferación de armamentos…  situaciones todas ellas que, por repetidas, llegan a considerarse como irremediables y promueven necesariamente una mentalidad y una cultura negativa para la paz.

Pero, Benedicto XVI quiere ir más al fondo, a la raíz misma de esas situaciones, y en esto el documento es profundamente clarificador: “Un elemento de importancia primordial para la construcción de la paz es el reconocimiento de la igualdad esencial entre las personas humanas, que nace de su misma dignidad trascendente” (n 6). Y afirma que la paz peligra “por la indiferencia ante lo que constituye la verdadera naturaleza del hombre. En efecto, son muchos en nuestros tiempos los que niegan la existencia de una naturaleza humana específica, haciendo así posible las más extravagantes interpretaciones de las dimensiones constitutivas esenciales del ser humano. También en esto se necesita claridad: una consideración “débil” de la persona, que dé pie a cualquier concepción, incluso excéntrica, sólo en apariencia favorece la paz. En realidad, impide el diálogo auténtico y abre las puertas a la intervención de imposiciones autoritarias, terminando así por dejar indefensa a la persona misma y, en consecuencia, presa fácil de la opresión y la violencia” (n. 11).

Asimismo, el Papa, se opone abiertamente y denuncia el uso de Dios y de la religión como coartada para justificar la contraposición y la violencia entre seres humanos: “Son inaceptables las concepciones de Dios que impulsen a la intolerancia ante nuestros semejantes y el recurso a la violencia contra ellos. Éste es un punto que se ha de reafirmar con claridad: nunca es aceptable una guerra en nombre de Dios. Cuando una cierta concepción de Dios da origen a hechos criminales, es señal de que dicha concepción se ha convertido ya en ideología” (n. 10).

Para los cristianos, trabajar por la paz, como nos pide Jesús en el Evangelio, es una tarea permanente, tanto para detener los conflictos existentes, como para despejar las causas que pueden provocarlos. En este trabajo se inscribe nuestra peregrinación con la confianza de que hacemos una importante aportación a la causa de la paz, porque como muy bien nos recuerda el Papa en su Mensaje: “La paz es al mismo tiempo un don y una tarea. Si bien es verdad que la paz entre los individuos y los pueblos, la capacidad de vivir unos con otros, estableciendo relaciones de justicia y solidaridad, supone un compromiso permanente, también es verdad, y lo es más aún, que la paz es un don de Dios”.

En efecto, la paz es obra nuestra: exige nuestra acción decidida y solidaria. Pero es inseparablemente y por encima de todo un don de Dios: exige nuestra oración. Los cristianos debemos estar en primera fila entre aquellos que oran diariamente por la paz; debemos además educar a otros a orar por la paz. Esto es lo que queremos hacer en nuestra peregrinación a Candelaria. Vamos a orar con María, Reina de la paz, a Aquél que es nuestra paz, a Aquél que nos dijo “mi paz os dejo, mi paz os doy”: Jesucristo, el Hijo de Dios que se hizo hombre para reunir a toda la humanidad en una sola familia, la familia de los hijos de Dios.

La peregrinación, a la que están todos invitados, está organizada de acuerdo con el siguiente iter y cada uno puede incorporarse en el momento que quiera:

PREGRINACIÓN A CANDELARIA: Día 27 de enero.

Salida:  6’30 de la mañana, a pie, desde la Parroquia de Santo Domingo – La Laguna.

            10’00: Las Caletillas, al comienzo de la Avenida, a pie hasta la Plaza de la Basílica.

            11’00: Concentración en la Plaza de Candelaria.

            11’30: Celebración de la Misa por la Paz.

Así pues, haciendo mías esta palabras Juan Pablo II,  “a todos; cristianos, creyentes y hombres de buena voluntad os digo: no tengáis miedo de apostar por la paz, de educar para la paz, de orar por la paz. La aspiración a la paz no quedará nunca decepcionada. El trabajo por la paz, inspirado por la caridad que no pasa, dará sus frutos. La paz será la última palabra de la Historia”.

 

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

2017-07-26T09:01:39+00:00 noviembre 9th, 2015|De parte del Obispo|0 Comments