LA VIDA SIGUE, ESTA SEMANA: AYUNO VOLUNTARIO Y 

COLECTA CONTRA EL HAMBRE EN EL MUNDO

Escribo estas líneas bajo la conmoción de lo que estamos viviendo estos días tras el “sinistro severo” que afectó a la sede de nuestro obispado. Mis palabras primeras quieren ser de gratitud a los bomberos, policías, otro personal de emergencias y del propio del obispado. Gratitud extendida a todas las instituciones públicas, que unánime y coordinadamente, han y están actuando. No sería de bien nacidos no citar explícitamente al ayuntamiento de La Laguna por la cesión de uso de la “Casa Anchieta” para dependencias provisionales de nuestro obispado. Gracias mil mis hermanos los obispos, a particulares, empresas e instituciones por tantas muestras de solidaridad efectiva.

            Como he declarado estos días, para el obispado Nivariense comienza ahora una nueva singladura. No hay que desesperar. Todos hemos perdido un bien particular. Los católicos, además, hemos perdido uno de los pulmones y el motor principal de la diócesis. Desde aquí prestábamos nuestros servicios a la entera sociedad de Tenerife, El Hierro, La Gomera y La Palma. Ahora nuestros medios materiales han sido reducidos a ceniza. La Iglesia necesita instituciones, pero no es lo fundamental. Lo más importante es tener cristianos, gentes de fe. Dios no nos ha dejado solos. Yo me siento llamado, y lo comparto con ustedes, a vivir un ‘episcopado desde la pobreza’. Pongámonos todos a trabajar, seamos solidarios y mantengamos el esfuerzo, con fe y comunión, en los próximos meses incluso años. Ésto comenzó en Belén y aquí estamos. Con Él nos repondremos.

Pero la vida sigue, y prueba de ello es la Campaña de Manos Unidas. Bien nos viene, en estas circunstancias vivir bien la tragedia de otros seres humanos. Todo el año debemos estar sensibles y actuar eficazmente para erradicar el hambre, la miseria y el subdesarrollo que afecta a miles de millones de personas en todo el mundo. No obstante, en la segunda semana de febrero es cuando, en nuestra Diócesis, más se intensifica la “campaña contra el hambre”, promovida por la conocida organización católica “Manos Unidas”, que este año reclama nuestra participación con el lema: “Otro mundo es posible. Depende de ti”.

Para cumplir su objetivo MANOS UNIDAS financia proyectos de desarrollo en los países más pobres, gracias al dinero recaudado en distintos ámbitos de la sociedad española: socios y colaboradores particulares, empresas, herencias y legados, colegios, entidades religiosas, parroquias (incluyendo una colecta anual, en febrero, en todas las parroquias de España), aportaciones extraordinarias para emergencias. También juega un importante papel el dinero recaudado en actividades de sensibilización que desarrollan las 71 Delegaciones de Manos Unidas de toda España que, con su trabajo y esfuerzo, son las autoras fundamentales de los buenos resultados de la recaudación.

Estamos pues, una vez más, ante la Campaña anual contra el Hambre en el Mundo. Y, como viene siendo habitual, el viernes 10 de febrero tendrá lugar la “Jornada de Ayuno Voluntario”, en la que estamos llamados a privarnos por un día de todo lo que podamos (sin dañar nuestra salud) y dedicar el valor de nuestras privaciones para ayudar a los hambrientos del mundo a través de los Proyectos de MANOS UNIDAS. No se trata sólo de comer lo mínimo, sino sobre todo, de privarnos de aquellos gastos más superfluos o innecesarios: tabaco, golosinas, alcohol, espectáculos, diversiones, comer fuera, etc. y el dinero ahorrado destinarlo a esta finalidad.

Asimismo, en todas las misas del domingo siguiente (12 de febrero), se hará la colecta anual con el mismo destino. En nuestra Diócesis, por este y otros  conceptos, en los últimos años MANOS UNIDAS viene recaudando algo más de 185.000 €. Esperamos y deseamos que esta cantidad se vea aumentada en la colecta de este año con la generosidad de todos, sean católicos o no, porque en este asunto, ante la amplitud del drama y la urgencia de la obra que se ha de realizar, todos hemos de sentirnos responsables. Desgraciadamente, a casi cuarenta años de distancia, la llamada de Pablo VI tiene hoy incluso más vigencia que entonces: “Ha sonado ya la hora de la acción: la supervivencia de tantos niños inocentes, el acceso a una condición humana de tantas familias desgraciadas, la paz del mundo, el porvenir de la civilización, están en juego. A todos los hombres y a los pueblos todos corresponde asumir sus responsabilidades” (Populorum Progressio, 80).

Particularmente, es mi deber, hacer un especial llamamiento a todos los diocesanos a ser consecuentes con nuestra fe cristiana, que tiene como principal señal de identidad la inseparabilidad entre el amor a Dios y el amor al prójimo: Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano” (1Jn. 4,20-21). Un amor al prójimo que deber ser “afectivo” y “efectivo”. Amor afectivo, es decir, entrañablemente arraigado en nosotros (como fruto del Espíritu Santo que se nos ha dado, cf. Gal. 5,22). Amor efectivo, es decir, realizando las obras de misericordia: “mediante las cuales ayudamos a nuestro prójimo en sus necesidades corporales y espirituales […] Entre estas obras, la limosna hecha a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna” (Catecismo 2447).

Como nos enseña San Juan en su primera carta: “En esto hemos conocido lo que es el amor: en que Jesucristo dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos. Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios? Hijos míos, no amemos de palabra ni de boca, sino con obras y según la verdad (1Jn. 3,16-18). Llama la atención que, en lugar de decirnos –como sería lógico- que así como Cristo dio la vida por nosotros, también nosotros debemos darla por El, San Juan nos diga en cambio que “también nosotros debemos dar la vida por los hermanos”. Con lo cual no hace sino repetir la enseñanza del propio Jesucristo: “En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis” (Mt. 25,40). A ningún cristiano, por tanto, le es lícito permanecer indiferente ante la suerte de tantas personas que todavía yacen en la miseriaNadie puede reservarse para uso exclusivo suyo lo que sobrepasa de sus necesidades, mientras que a los demás falta lo necesario. Así que, ante la pobreza de tantos hermanos nuestros en todo el mundo, con palabras de Pablo VI, pido a todos: “A nuestros hijos católicos pertenecientes a los países más favorecidos, les pedimos que aporten su activa participación en las organizaciones oficiales o privadas, civiles o religiosas, que se dedican a vencer las dificultades de las naciones en vía de desarrollo” (Populorum Progressio, 81).

En efecto, “Otro mundo es posible. Depende de ti”, como nos dice el lema de la Campaña contra el Hambre de este año. Pongamos todos y cada uno la parte que nos toca. “Muchos pocos”, cuando se unen en un proyecto común, “hacen mucho”. No tengamos miedo a ser generosos, ni con las necesidades grandes de la diócesis,  ni con MANOS UNIDAS. Con nuestras personas, fe, dinero y trabajo, “otro mundo, otra realidad es posible.

 

† Bernardo Álvarez Afonso

         Obispo Nivariense