La Paz sea con vosotros – Enero 2006

//La Paz sea con vosotros – Enero 2006

“LA PAZ SEA CON VOSOTROS”

22 de enero de 2006

“La paz sea con vosotros”. Deseando a todos la paz con este saludo de Cristo Resucitado a sus discípulos, les anuncio que el próximo sábado 28 de enero, y por quinto año consecutivo, celebramos la Peregrinación Diocesana a Candelaria en Oración por la paz. Fue en enero de 2002 cuando mi querido predecesor, D. Felipe Fernández García, nos invitó por primera vez a caminar a Candelaria para implorar ante la Virgen el don de la paz en el mundo, sobre todo en aquellos lugares de conflictos armados o bajo la amenaza terrorista. Desde entonces, y coincidiendo siempre con el último sábado de enero, aquella feliz iniciativa se viene repitiendo cada año con la participación de miles de personas que se concentran en torno a la Virgen de Candelaria para expresar, con su presencia y su oración, sus deseos de paz para todos y su voluntad de trabajar por hacerla posible.

Y tenemos que seguir haciéndolo un año más. La humanidad necesita siempre la paz, pero mucho más en estos tiempos, en los que, a la pervivencia de desgarradores conflictos armados se unen las diversas formas de violencia y de injusticia que son el terreno abonado para nuevos enfrentamientos. Conflictos que, a veces, pensamos que no tienen que ver con nosotros. Sin embargo, no podemos olvidar que vivimos en un mundo interdependiente, en el que todos tenemos algo que ver, tanto con las causas que generan los conflictos como con los efectos o secuelas que estos producen. Baste, a modo de ejemplo, pensar en los miles de personas inmigrantes provenientes de África o de Latinoamérica que llegan a nuestra tierra huyendo de la situación inhumana e injusta a la que se ven sometidos, en gran parte debido al egoísmo de los países más ricos.

Una vez más debemos recordar las palabras de la Biblia: “El fruto de la justicia será la paz, el fruto de la equidad, una seguridad perpetua” (Is. 32,17). La Paz es fruto de la Justicia, porque sólo puede haber verdadera paz si se respetan la dignidad de las personas y de los pueblos, los derechos y los deberes de cada uno, y si se da una distribución equitativa de beneficios y obligaciones entre personas y colectividades. No se puede olvidar que las situaciones de opresión y marginación están a menudo en la raíz de las manifestaciones de violencia y terrorismo. De este modo, la paz se presenta no como simple ausencia de guerra, sino como convivencia de todos los ciudadanos en una sociedad gobernada por la justicia, en la cual se realiza, en lo posible, el bien para cada uno de ellos.

Nuestro Papa Benedicto XVI, en el Mensaje para la Jornada de la Paz de este año, pone el acento en “la verdad de la paz”, y “la paz en la verdad”, frente al error y la mentira que son contrarias a la pacífica convivencia y que han causado, y siguen causando, efectos devastadores en la vida de los individuos y de las naciones. La paz es un bien que todos valoramos, “precisamente por ello, —dice el Papa— cada uno ha de sentirse comprometido en el servicio de un bien tan precioso, procurando que ningún tipo de falsedad contamine las relaciones 

[…] La verdad de la paz llama a todos a cultivar relaciones fecundas y sinceras, estimula a buscar y recorrer la vía del perdón y la reconciliación, a ser transparentes en las negociaciones y fieles a la palabra dada”. Los cristianos, como discípulos y seguidores de Jesucristo, a ejemplo de Nuestro Señor, estamos llamados a ser pacíficos y a trabajar por la paz y, para ello, debemos ser los primeros en vivir en la verdad y en la justicia.

Quizá otras cosas no, pero “vivir en la verdad y la justicia” sí que está en nuestra mano el hacerlo. Sabemos que es posible porque, como nos recuerda San Pablo en la carta a los Efesios, Jesucristo vino a anunciar y a realizar la paz para todos los pueblos. Él ha venido “para guiar nuestros pasos por el camino de la paz” (Lc. 1,79). “Él es nuestra paz” (Ef. 2,14); Él, con su vida, muerte y resurrección ha derribado el muro del odio que divide a las personas y ha reunido a todos los pueblos en uno solo: hijos de un mismo Padre y hermanos unos de otros. Por eso, “por medio de Él, podemos presentarnos, los unos y los otros, al Padre en un solo Espíritu” (Ef 2, 8).

Desde esta convicción de fe, los cristianos estamos llamados a considerar que “todo ser humano es mi hermano” y, consecuentemente, a tratarle como tal. Esta es la gran verdad que hace posible la paz. Como nos recuerda el Papa: “Todos los hombres pertenecen a una misma y única familia. La exaltación exasperada de las propias diferencias contrasta con esta verdad de fondo. Hay que recuperar la conciencia de estar unidos por un mismo destino, trascendente en última instancia, para poder valorar mejor las propias diferencias históricas y culturales, buscando la coordinación, en vez de la contraposición, con los miembros de otras culturas” (Mensaje para la Jornada de la Paz ‘2006). Nuestra jornada de Peregrinación en Oración por la Paz se fundamenta en este principio de la fraternidad universal. Por eso, sintiendo a los demás y sus problemas como asunto propio, suplicamos a Cristo el don de la paz para todos, sean quienes sean.

“La paz del Señor sea con vosotros”, nos dice el sacerdote en la celebración de la misa y, a continuación, “la paz sea contigo”, nos decimos unos a otros al darnos la paz, convirtiéndonos así en transmisores de la paz que recibimos del Señor. A Jesucristo le pedimos la paz y de Él la recibimos porque “Él es nuestra paz”. Iluminados por su palabra y ayudados por la fuerza del Espíritu Santo, estamos llamados a ser en medio del mundo “instrumentos de su paz” y así se lo vamos a pedir, a Él y a su Madre la Virgen María, en esta V Peregrinación Diocesana a Candelaria en Oración por la paz, que partirá –a pie- de la parroquia de Santo Domingo de la Laguna a las 6 de la mañana y de Las Caletillas a las 10. Todo ello el próximo 28 de enero. Allí nos veremos.

† Bernardo Álvarez Afonso

         Obispo Nivariense

2017-07-18T10:44:56+00:00 Enero 8th, 2006|De parte del Obispo|0 Comments