Queridos diocesanos:

Como cada año, desde 1960, al llegar febrero y promovida por Manos Unidas, se realiza la Campaña contra el Hambre en el Mundo. Aunque el trabajo de sensibilización y recogida de fondos dura todo el año, hay dos fechas a resaltar. Una, viernes 9 de febrero, el Día del Ayuno Voluntario, en el que se nos invita a la austeridad en todos los sentidos (comida, bebidas, espectáculos, etc.) como signo de solidaridad con los que viven en la miseria y para destinar el dinero ahorrado en su ayuda. La otra fecha es el domingo 11 de febrero, día que se hace la colecta en todas las misas que se celebran en España para apoyar los proyectos de promoción y desarrollo que Manos Unidas realiza en los países más empobrecidos del mundo. Aparte de esta colecta, cualquier persona puede contribuir a la Campaña ingresando su donativo en las principales entidades bancarias.

Ante campañas de este tipo, a veces, tenemos recelos porque se teme que nuestra colaboración no llegue a sus destinatarios, sino que se gaste en gestión burocrática o que se la queden intermediarios corruptos, incluso tememos que se la queden los gobiernos y no la empleen precisamente en los más pobres. Es cierto, que esas circunstancias pueden darse y de hecho de vez en cuando salen a la luz escándalos de corrupción que hacen mucho daño, no sólo porque no se atiende a los necesitados a quienes iban destinada la ayuda, sino también porque generan desconfianza a la hora de seguir colaborando. Por eso, quiero ahora recordar que esta “Campaña anual Contra el Hambre” está promovida por una organización que nació y sigue dependiendo directamente de la Iglesia católica en España (mediante 71 delegaciones diocesanas, con directores nombrados por los obispos respectivos) y que también son mayoritariamente los católicos, a través de las parroquias, los colegios, etc., los que hacen sus aportaciones para la realización de los proyectos.

Se trata de la ONGD, “MANOS UNIDAS” 

(Organización No Gubernamental para el Desarrollo), de voluntarios, es una asociación pública de fieles, católica, seglar, sin ánimo de lucro y de carácter benéfico, que desde 1960 lucha contra la pobreza, el hambre, la malnutrición, la enfermedad, la falta de instrucción, el subdesarrollo y contra sus causas. Su misión es trabajar para erradicar las causas estructurales que las producen: la injusticia, el desigual reparto de los bienes y las oportunidades entre las personas y los pueblos, la ignorancia, los prejuicios, la insolidaridad, la indiferencia y la crisis de valores humanos y cristianos. Inspirándose en el Evangelio y la Doctrina social de la Iglesia, su objetivo es que cada persona, hombre y mujer, en virtud de su dignidad e igualdad fundamental, sea capaz de ser, por sí mismo, agente responsable de su mejora material, de su progreso moral y de su desarrollo espiritual, y goce de una vida digna. Para cumplir su objetivo financia proyectos concretos de desarrollo en los países del Sur (la mayoría de ellos a través de misioneros que trabajan en el lugar) realizando campañas de sensibilización y recogida de fondos entre la población española. Más información en su página WEB [www.manosunidas.org].

Para garantizar que el dinero se emplea en los fines que se pretenden, la Organización presenta de antemano los proyectos a realizar, su coste y el responsable en destino. Luego cada Delegación Diocesana de Manos Unidas, va eligiendo aquellos proyectos que según sus posibilidades pueden comprometerse a financiar y se movilizan para recaudar los fondos necesarios, que entregan a la oficina central. Posteriormente, la Organización hace un seguimiento y una vez realizado el proyecto informa de los resultados de modo que los donantes pueden verificar el destino real de su aportación. Esto es posible, entre otras cosas, porque la Iglesia Católica, que está extendida por todo el mundo, es la misma en todas partes y mediante sus instituciones, directamente vinculadas a las gentes de los distintos lugares, establece una red de colaboración e intercambio que no tiene parangón en cuanto cercanía y atención directa de las personas. Para entendernos mejor: la Cáritas, por ejemplo, de una parroquia en el Congo, en Etiopía o en Mauritania, trabaja igual que en cualquier parroquia de Tenerife, con voluntarios del lugar y con las donaciones de los fieles.

Podemos pues, sin temor alguno, apoyar los proyectos de Manos Unidas y en este sentido hago un especial llamamiento a los católicos. Por nuestra condición de discípulos de Jesucristo, no podemos olvidar sus palabras: “lo que hicisteis a uno de éstos mis humildes hermanos, a mí me lo hicisteis”. Que nunca tengamos que escuchar su duro reproche: “apartaos de mí… pues tuve hambre y no me distéis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, estuve desnudo y no me vestisteis…”.

Este año, bajo el lema “Sabes leer, ellos no. Podemos cambiarlo”, se nos invita a colaborar para ir solventando las dificultades que tienen millones de personas (niños, jóvenes y adultos) en el Tercer Mundo para acceder a la escuela y en definitiva para saber leer. Estas dificultades vienen muchas veces porque son explotados desde muy pequeños y se les obliga a trabajar o por falta de medios para construir escuelas, o porque tienen que hacer largos recorridos todos los días para llegar a las escuelas. Se trata de un derecho humano fundamental, que le corresponde a la persona por el mismo hecho de serlo: “Toda persona tiene derecho a la educación. La finalidad de la educación es el desarrollo integral de la persona. A los padres pertenece el derecho de elegir la educación para sus hijos” (Art. 26 de la Declaración Universal de 1948).

Manos Unidas viene trabajando desde hace casi 50 años para superar el analfabetismo. Sólo en las últimas seis campañas ha realizado 1.935 proyectos de educación en distintos lugares del mundo, en los que se han beneficiado cerca de 30 millones de personas. Este año quiere impulsar especialmente este campo para unirse a los “Objetivos del Milenio” promovidos por la ONU y entre los que está el de “Lograr la enseñanza primaria y universal”.

Hay mucha gente que no sabe leer y podemos remediarlo. A través de la campaña de Manos Unidas, tu y yo, podemos ayudar a remediarlo. Un grano de arena parece que no es nada, muchos granos hacen una playa. Quizás justifiquemos nuestra falta de generosidad con los tópicos de siempre: “con todo lo que se gasta en armas lo podrían arreglar”, “la culpa la tienen sus gobiernos que son unos corruptos”, etc. etc. Esas cosas desgraciadamente suceden y hay que denunciarlas y luchar contra ellas con todos los medios posibles

Pero cuidado con engañarnos a nosotros mismos. Reconozcamos, también, que en gran medida nuestra riqueza y bienestar es a costa de la pobreza y el subdesarrollo de millones de personas. Reconozcamos que derrochamos en cosas superfluas y que incluso tiramos el agua y la comida que otros no tienen. Reconozcamos nuestra insensibilidad e indiferencia ante el drama de la miseria de millones de seres humanos que —como vemos todos los días con la llegada de cayucos— ya están llamando a nuestras puertas. Y al darnos cuenta de esa verdad de nuestra vida, temamos por nosotros mismos pues nos estamos convirtiendo en “seres inhumanos” y en consecuencia haciendo imposible nuestra propia felicidad en esta vida y en la futura. No tengamos miedo a ser generosos y confiemos en las palabras del Señor: “hay más alegría en dar que en recibir”.

Para los cristianos, el ejercicio de la caridad es una dimensión esencial de nuestra fe e implica la práctica constante de las obras de misericordia, entre las que se encuentra la de “enseñar al que no sabe”. Como nos recuerda el Papa Benedicto XVI, en su encíclica Dios es Amor,  “La Iglesia, como familia de Dios, debe ser, hoy como ayer, un lugar de ayuda recíproca y al mismo tiempo de disponibilidad para servir también a cuantos fuera de ella necesitan ayuda” (n. 32). De hecho, a largo del año, con diversas colectas y donativos, colaboramos con la Iglesia en sus necesidades, así como con la acción social de Cáritas y de otras instituciones. No podemos sino alegrarnos de ello y dar gracias a Dios por tanta generosidad. Una generosidad que os pido ahora para esta Campaña de Manos Unidas contra el Hambre en el Mundo.

Con gratitud y afecto, “todo de todos”, les bendice en el Señor,

† Bernardo Álvarez Afonso

         Obispo Nivariense