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Discurso en el acto institucional del Centenario de La Catedral – Septiembre 2013

//Discurso en el acto institucional del Centenario de La Catedral – Septiembre 2013

Saludos.

Estamos ante el edificio de nuestra Catedral de La Laguna, estamos ante un enfermo convaleciente y en rehabilitación. Deseando y esperando su pronta y total recuperación. Gracias a todos por participar en este acto. Vuestra presencia refleja la importancia que todos damos a esta centenaria señora: “La Santa Iglesia Catedral de San Cristóbal de La Laguna”.

Hace dos días, el pasado 4 de septiembre se cumplieron 8 años de mi ordenación de obispo. En esa misma celebración tuvo lugar el acto de “toma de posición canónica” de esta Diócesis de San Cristóbal de Laguna, para cuya sede fui elegido y nombrado por el Papa Benedicto XVI.

El gesto litúrgico de esta “toma de posesión” de la Diócesis consiste en que el Obispo recién ordenado, después de recibir el anillo y la mitra, el consagrante le entrega el báculo diciendo: “Recibe el báculo, signo de tu oficio pastoral” y le invita a que se siente en “la cátedra”. Con este gesto se significa que el Obispo, en comunión con el Papa, queda inscrito en  la sucesión apostólica y es constituido Vicario de Cristo en la Diócesis.

La “catedra”, físicamente es simplemente una silla o sillón más o menos artístico, situada en el templo en un lugar preferente y bien visible. Pero, la importancia de “la cátedra” está en que es “signo del magisterio y de la potestad del pastor de la Iglesia Diocesana, como también es signo de la unidad de los creyentes en aquella fe que el Obispo anuncia como pastor de la porción del pueblo de Dios que se le ha encomendado” (Ceremonial de Obispos).

La “cátedra” no es un asiento de distinción, sino un lugar que ofrece al obispo la posibilidad de ver y ser visto por todos los fieles y que, lejos de invitar a la presunción y comodidad, es una llamada a velar por el bien de los fieles y a servirles de todo corazón. Decía Benedicto XVI, “La cátedra es símbolo de la potestad de enseñanza del Obispo, que es una potestad de obediencia y de servicio, para que la Palabra de Dios –la verdad de Dios, no la nuestra– pueda resplandecer entre nosotros, indicándonos el camino”.

Pues bien, la Iglesia Catedral es aquella iglesia en la cual el obispo tiene situada “la Cátedra”, que –en nuestra Diócesis- como todos sabemos, desde hace más de diez años y de modo provisional, está en la Iglesia de la Concepción, de esta misma ciudad de San Cristóbal de La Laguna.

Ahora estamos aquí, ante el edificio histórico de “la Catedral de la Laguna” en el Centenario de su Dedicación, pero que, al mismo tiempo –paradójicamente- en sentido propio “no es la catedral” porque en este momento no tiene “la cátedra”.

Con esto quiero decir, que “la catedral”, antes que un edificio histórico que destaca por su belleza arquitectónica y los tesoros artísticos que custodia, ante todo, es una realidad teológica. Es decir, su importancia le viene por lo que en ella acontece en relación con la obra salvífica de Dios en favor de su pueblo.

Por eso, esta tarde, ante el monumento histórico de nuestra catedral, nos reunimos para hacer memoria del acto litúrgico su consagración y dedicación bajo el título de Ntra. Sra. de los Remedios, hace hoy cien años. Lo hacemos con el deseo y la esperanza que pronto podamos abrirla y colocar de nuevo en ella “la cátedra” del obispo. Mientras llega ese momento, un año más, tendremos la celebración litúrgica en la iglesia de la Concepción.

La memoria revive y hace presentes los hechos pasados. En este sentido, con la lectura del acta fundacional que acabamos de oir, recordamos el CENTENARIO DE LA CONSAGRACIÓN DE NUESTRA CATEDRAL DE LA LAGUNA. Esta celebración es significativa para todos los diocesanos,  lógicamente y de modo particular para esta ciudad en la que se asienta “la Iglesia Madre” de la Diócesis.

Como nos recuerda el Ceremonial de Obispos, la Catedral es un símbolo de la Iglesia visible de Cristo que en esta tierra ora, canta y adora a Dios, fuente y origen de todo bien. La Catedral ha de ser tenida por imagen del Cuerpo Místico de Cristo que es la Iglesia, cuyos miembros –los cristianos- están unidos en la caridad y alimentados que los dones espirituales que Dios nos ofrece.

Por eso, la Catedral no es sólo un edificio que admiramos, sino un lugar que valoramos por lo que representa. No es un templo cualquiera. La principal función de la Catedral es la realización de la vida litúrgica de la Iglesia es su sentido más pleno, porque en esas celebraciones, con la participación plenaria del pueblo Dios en torno a su a su obispo, es donde aparece la Iglesia realizándose como «sacramento de unidad».

En el Directorio para la Vida y Ministerio de los obispos, leemos:

“Entre los templos de la diócesis, el lugar más importante corresponde a la iglesia Catedral, que es signo de unidad de la Iglesia particular, lugar donde acontece el momento más alto de la vida de la diócesis y se cumple también el acto más excelso y sagrado del oficio santificador(munus sanctificandi) del Obispo, que implica juntamente, como la misma liturgia que él preside, la santificación de las personas y el culto y la gloria de Dios. La Catedral es también signo del magisterio y de la potestad del Pastor de la diócesis”.

Así, pues, la Catedral constituye el símbolo visible de la potestad y responsabilidad del Obispo en la diócesis, es decir, la sede desde donde el Obispo ejerce su función de enseñar, santificar y regir a la porción del pueblo de Dios que se le ha encomendado.

La Catedral es “la Iglesia Madre” de todas las iglesias de la diócesis, por eso, el aniversario de su consagración se tiene que celebrar en todas las demás iglesias para mostrar así su dependencia y cohesión con ella.

Un  ejemplo de esta función de madre que tiene la Catedral, con respecto a las demás iglesias de la diócesis, es la celebración de la Misa Crismal –dentro de la Semana Santa- en la que se consagra el Santo Crisma y los Óleos, que son llevados luego en pequeñas ánforas a las parroquias, expresándose así la unión efectiva de todas con la Iglesia Madre.

Por otra parte, al hablar de la Iglesia Catedral como signo de la comunidad cristiana nos referirnos, no a una comunidad local de la Diócesis, como es una parroquia, sino a la Diócesis misma. La Catedral no simboliza una parte de la Iglesia,  sino a la Iglesia diocesana en su totalidad. En ella se refleja de alguna manera la historia de fe nuestra Iglesia Diocesana, pues de ella, como si de una fuente se tratara, fluyen los medios de salvación por los que Dios enseña, santifica y guía a su pueblo.

Todos deben conocer para qué sirve la Catedral y cuál es su significado. La Catedral no puede verse únicamente como un templo que admiramos por su arquitectura singular y mucho menos un  conjunto de obras de arte para la contemplación estética. La Catedral no es un museo. En la Catedral la Iglesia peregrina ora y celebra los misterios de la fe cristiana, particularmente la muerte y resurrección de Cristo. Si Jesús no hubiera resucitado y estuviera en medio de nosotros, el edificio de la Catedral no tendría sentido.

Por eso, quienes entran en la catedral para celebrar la fe, o los pasean por sus naves contemplando su arquitectura y las obras de arte que contiene, han de llevarse la impresión de que se encuentran ante un testimonio histórico en el que se descubre la unión entre el cristianismo y la cultura. Deben saber que todo lo que observan tiene un sentido religioso y es la expresión visible de la fe en Dios y del culto que le rinden los que creen en Él.

Y porque son expresión de fe y para cultivar la fe, todo lo que es y contiene visiblemente la Catedral debe ser respetado, conservado y cuidado en su verdad, es decir en el contenido y la finalidad para lo que fue hecho, porque ahí es donde reside su principal valor.

Como dijo Juan Pablo II, en la consagración de la Catedral de la Almudena de Madrid: “Vemos la figura y contemplamos la realidad: vemos el templo y contemplamos a la Iglesia. Miramos el edificio y penetramos en el misterio. Porque este edificio nos revela, con la belleza de sus símbolos, el misterio de Cristo y de su Iglesia”.

Cuidar su estructura arquitectónica de Nuestra Catedral y su patrimonio artístico para transmitirlos en las mejores condiciones posibles a quienes vengan detrás, ha sido y sigue siendo, especialmente en estos últimos años, un objetivo permanente de los distintos obispos. Memoria agradecida al Obispo Rey Redondo que la promovió y concluyó, poniendo en ello alma, corazón y vida, además de los propios bienes personales heredados de su familia. Y todos los demás obispos, que junto con los Cabildos Catedralicios que se han sucedido a los largo de estos cien años, han velado por la conservación y el incremento del patrimonio artístico de nuestra Catedral.

Demos gracias a Dios por la preocupación y sensibilidad religiosa de las generaciones que nos han precedido y que han tratado no sólo de legarnos la materialidad de este templo catedral, sino lo que significa en la vivencia del compromiso cristiano.

Celebrar el Centenario de la Dedicación de la Catedral significa recordar el día de la consagración a Dios de este edificio y, sobre todo,  es CELEBRAR LA OBRA DE LA SALVACIÓN REALIZADA POR DIOS, MEDIANTE LAS CELEBRACIONES REALIZADAS EN ESTE TEMPLO, EN NUESTRA CIUDAD DE LA LAGUNA, EN TODA LA DIÓCESIS Y EN EL MUNDO ENTERO.

Esto lo que vamos a conmemorar a continuación en la iglesia de la Concepción, donde les invito a todos a participar.

Que la Virgen María, Nuestra Sra. de los Remedios, nos acompañe al caminar para llevar a feliz término las obras de rehabilitación de nuestra Catedral y le pido que interceda ante su Hijo, como lo hizo en las Bodas de Caná, para que pronto podamos venir hasta este lugar en que estamos ahora y entrar por esta puerta abierta y cantando: “Que alegría cuando me dijeron vamos a la casa del Señor”. GRACIAS.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

 

2017-07-18T10:44:51+00:00 Noviembre 24th, 2015|De parte del Obispo|0 Comments