Queridos güimareros y fieles devotos de la Virgen María del Socorro de Güimar:

El próximo 19 de octubre, en una solemne celebración, procederemos a la “Coronación Canónica” de la imagen de Nuestra Señora del Socorro; una imagen que cuenta con la devoción de millares de fieles, no sólo de Güimar y municipios limítrofes, sino de todo Tenerife.

La “Coronación Canónica” es un acto que se realiza en contadas ocasiones y solamente en aquellas imágenes de la Virgen María que son objeto de una genuina y constante devoción por parte de un gran número de fieles y con más de cien años de antigüedad. Corresponde al Obispo de la Diócesis, a petición de la comunidad local, juzgar sobre la oportunidad de coronar una imagen de la Santísima Virgen, teniendo en cuenta la devoción popular que suscita y el cultivo de una vida auténticamente cristiana que se deriva de esa devoción.

La “Coronación Canónica” responde a la costumbre de los fieles de venerar a la Virgen María como Reina, costumbre alentada desde muy antiguo por la Iglesia. Con el rito de la coronación reafirma la Iglesia que “Santa María Virgen con razón es tenida e invocada como reina, ya que es Madre del Hijo de Dios, Rey del Universo, colaboradora augusta del Redentor, discípula perfecta de Cristo y miembro supereminente de la Iglesia” (Ritual de la coronación). Por todo ello, la Virgen María es digna de modo eminente de “la corona merecida”, “de la corona de la vida”, “de la corona de gloria” (cf. 2Tim. 4,8; Stg. 1,12; 1Pe. 5,4). Por eso la Iglesia proclama que María ya ha sido coronada por Dios y así lo expresamos en uno de los “misterios del Rosario”: La coronación de la Virgen María como Reina y Señora de todo lo creado.

Esta realidad es ya verdad en María y nosotros no podemos añadirle nada a la Virgen que no le haya concedido ya su Hijo Jesucristo. Sin embargo, para “coronar” física y visiblemente una determinada imagen de la Virgen, la Iglesia pide que goce de una devoción auténtica y profundamente arraigada, de tal modo que el lugar donde se venera sea el centro de un genuino culto litúrgico y de activo apostolado cristiano. Es precisamente esto lo que se reconoce al conceder la Coronación Canónica, que la devoción a la Virgen del Socorro de Güimar es fuente de vida cristiana, tanto por el modo como se celebran las distintas fiestas religiosas, como por haberse convertido en estímulo de apostolado y de crecimiento en la vida cristiana de sus devotos.

Por eso, más que un acto del Obispo que “coloca la corona”, la Coronación Canónica es un acto del pueblo de Dios, es la expresión visible y sensible de una realidad de fe, la fe de los fieles devotos de la Virgen del Socorro que, mediante la coronación, expresan su amor y gratitud a la Virgen María y, al mismo tiempo, hacen propósito de «ir a la ‘escuela’ de María para leer a Cristo, para penetrar sus secretos, para entender su mensaje» (Juan Pablo II) y se muestran dispuestos a escuchar las palabras de María en relación con su hijo Jesucristo: “Haced lo que el os diga”.

La coronación de la imagen de la Virgen María, Nuestra Señora del Socorro de Güimar, es el acto de culto en el que culmina la devoción de un pueblo a la madre de Dios, que quiere profesar su fe, su amor, su vasallaje a la Señora y proclamarla Reina así, comprometiéndose a seguir su ejemplo en cumplimiento de la ley de Dios, en el compromiso cristiano y en el servicio de la Iglesia. Por eso, el signo exterior de la “coronación de la imagen” nos lleva a una realidad espiritual que reclama de cada uno de nosotros que construyamos con nuestra vida la “corona de caridad” del amor a Dios y al prójimo. De este modo nosotros, con nuestra fe y nuestras buenas obras, seremos la verdadera corona de Nuestra Señora del Socorro, porque la corona que de verdad quiere llevar la Virgen María es la de unos hijos que, como ella —siempre y en todo— hacen la voluntad de Dios.

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense