Convento de Garachico: Espacio y tiempo de Gracia y Reconciliación – Enero 2011

//Convento de Garachico: Espacio y tiempo de Gracia y Reconciliación – Enero 2011

Queridos diocesanos:

Con motivo de la Celebración Jubilar de los “Quinientos años de la aprobación pontificia de la Regla de las  Monjas Concepcionistas”, fundadas por Santa Beatriz de Silva, el Santo Padre Benedicto XVI ha concedido la gracia de la Indulgencia Plenaria. Entre el 8 de diciembre de 2010 y el 17 de septiembre de 2001, quienes visiten un lugar sagrado de dicha orden y realicen los actos indicados podrán obtener la indulgencia.

Una vez más, Dios Misericordioso nos ofrece, a su pueblo, un tiempo de gracia y reconciliación. El Padre nos alienta en Cristo para que volvamos a El, obedeciendo más plenamente al Espíritu Santo y nos entreguemos al servicio de todos los hombres (cf. Pref. Plegaria de la Reconciliación I)

Como ya sabemos, nuestra Diócesis cuenta –en el municipio de Garachico- con un Convento de Monjas Concepcionistas desde el año 1643. Aunque un incendio destruyó el edificio del monasterio en 1709, no desapareció la comunidad. Las monjas, con grandes dificultades y no poca oposición, estuvieron durante 40 años en una casa cedida por el Marqués de la Quinta Roja. Finalmente se pudo reconstruir y habitar de nuevo el convento de la Concepción que hoy conocemos.

El actual monasterio se debe a la piedad del Obispo Guillén quien, además de poseer bienes por herencia familiar, tenía una caridad inagotable. Viendo la situación precaria en que vivían las monjas, dio disposiciones para la construcción del convento y con sus bienes contribuyó a la realización de la obra. Levantó, desde los cimientos, el nuevo monasterio con una magnífica iglesia, en la cual cuatro años después, en 1749, colocó el Santísimo Sacramento. El traslado de las religiosas al nuevo monasterio se llevó a cabo, con toda solemnidad, el 7 de diciembre de 1749, cuya dedicación se celebró el 8 de diciembre. Durante la octava de Ntra. Señora de la Concepción, nueva Patrona del monasterio, se realizaron solemnes funciones, con la presencia de su nuevo e ilustre fundador. En recuerdo y agradecimiento se conserva en el presbiterio un cuadro con la figura del Obispo D. Juan Guillén.

En la actualidad, forman la comunidad 14 monjas procedentes de distintos pueblos de la isla de Tenerife y una de Ciudad Real. Siguiendo el sentir del Concilio Vaticano II, el convento facilita la participación de los laicos en la oración litúrgica de la comunidad y en la Eucaristía, compartiendo los gozos y esperanzas de la humanidad. Tiene como servicio a la Iglesia una hospedería para las personas que quieran retirarse unos días a la reflexión y la oración. Aparte de las labores propias de la casa, las monjas realizan trabajos de costura (mantos, túnicas, etc. para las imágenes), también hacen escapularios y algo de repostería.

La celebración de los “Cinco Siglos de aprobación de la Regla”, que regula la vida de las Monjas Concepcionistas, nos da la oportunidad de renovar nuestra gratitud a Dios por el don de este carisma. La Iglesia en todo el mundo y, nuestra Diócesis, a lo largo de los 368 años, se ha beneficiado de la permanencia de las Concepcionistas en Garachico.

Invito a todos los diocesanos a unirnos a las monjas en esta Celebración Jubilar, participando en los actos organizados, o visitando el convento en cualquier ocasión, y así acogernos al don de la Indulgencia Plenaria concedida por el Papa, en los términos y condiciones establecidos. De paso podremos conocer mejor el convento, a las propias monjas y su carisma, así como expresar nuestra gratitud por el gran servicio que prestan a la misión de la Iglesia desde el silencio del claustro con su oración y sacrificio.

Muy especialmente, les ruego que ésta sea, también, una ocasión privilegiada para orar por las vocaciones a la vida consagrada y sacerdotal, particularmente para que el Señor llame a muchas jóvenes a consagrarse en la vida monástica bajo el carisma fundado por Santa Beatriz de Silva: las Monjas Concepcionistas Franciscanas.

La indulgencia Plenaria consiste en la reconciliación o perdón abundante y generoso, derramado sobre los que se convierten e imploran la remisión total de sus culpas y la restauración de sus vidas y personas. Como nos enseña la Iglesia, en el pecador reconciliado permanecen algunas consecuencias del pecado, que necesitan curación y purificación. En este ámbito adquiere relevancia la indulgencia, que nos ayuda a cicatrizar definitivamente las heridas del pecado y nos libera de lo que llamamos “pena temporal”. La purificación de esta pena temporal nos abre a la comunión con Dios, con los hermanos y con nosotros mismos. Así mismo, las indulgencias nos enseñan que cada uno de nosotros puede ayudar mucho a los otros, vivos y difuntos, para estar unidos al Padre.

Cualquier “tiempo jubilar” que, con su autoridad, concede el Papa a los fieles, es un verdadero tiempo de gracia que Dios nos otorga, pues forma parte del “poder de las llaves” que el Señor concedió a Pedro y sus sucesores: “lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que  desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt. 16, 19). Por tanto, aquí se cumple lo que nos promete el Señor por boca de San Pablo: “En el tiempo favorable te escuché y en el día de salvación te ayudé. Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el día de salvación” (2Cor. 6,2).  Por tanto, haciendo mías las palabras del propio San Pablo, les digo: “como si Dios exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os suplicamos: ¡reconciliaos con Dios! (2Cor. 5, 20).

Se nos ofrece, por tanto, un tiempo de renovación y conversión, que implica necesariamente dos manifestaciones: arrepentimiento como consecuencia de haber tomado conciencia de nuestra condición de pecadores y un retorno a Dios. Tenemos que destruir los ídolos que hemos puesto en lugar de Dios y darle el lugar que le corresponde en nuestro corazón. Para ello hemos de acercarnos a Jesucristo que es la palabra que nos salva, la mano que Dios tiende a los pecadores, el camino que nos conduce a la paz.

Todo tiempo jubilar es como una llamada profética, un despertar la conciencia, una maduración cristiana, un renovar las energías espirituales y morales de la Iglesia, y como consecuencia, la de cada uno de los fieles que aprovechan la ocasión. Para ello, es fundamental meditar con frecuencia y profundidad la Palabra de Dios, así como renovar nuestra vivencia eucarística y penitencial, que son los sacramentos que han de alimentar y transformar nuestra vida de creyentes que debe, cada vez más, producir el fruto de las buenas obras. También, hemos de mirar a la Madre de Dios, la Inmaculada Concepción, confiar más en Ella, conocerla mejor como modelo de vida cristiana e invocarla como Madre de nuestra reconciliación: “ruega por nosotros pecadores”.

Confiados en la gracia salvadora del Señor Jesús, deseamos que la Celebración de los quinientos años de la Regla de las Monjas Concepcionistas sea un tiempo de gracia y salvación, para ellas y para cuantos se unen a las celebraciones jubilares. Gracia y salvación para quienes alcancen la Indulgencia Plenaria concedida por el Santo Padre. Que sea para todos un año de renovación espiritual, de modo que se realice en cada uno la salvación obrada por Cristo, que se entregó por nosotros para rescatarnos de toda impiedad y nos enseñó a renunciar a la vida sin religión y a los deseos mundanos, llevando a partir de ahora una vida sobria, honrada y religiosa (cf. Tit. 2,11-14).

Deseando que sean muchos los que aprovechen ésta efemérides para acercarse más a Cristo y beber de El, que es la fuente de la salvación, de todo corazón les bendice,

† Bernardo Álvarez Afonso

         Obispo Nivariense

2017-07-18T10:44:53+00:00 Noviembre 11th, 2015|De parte del Obispo|0 Comments